Existen 3 tipos de tratamientos para el dolor:

  • Farmacológico: medicamentos para el dolor como analgésicos, antiinflamatorios tópicos, etc.
  • No farmacológico: aplicación de técnicas como la fisioterapia o la intervención psicológica.
  • Intervencionista: cuando se realiza una modificación física de la zona afectada. Incluye técnicas como la infiltración, la aplicación de catéteres o las cirugías, como la colocación de prótesis de rodilla, la cirugía de hernia discal, etc.

En el caso del dolor agudo con una causa conocida, el tratamiento consiste en aliviar el dolor mediante fármacos a la vez que se toman medidas para eliminar la causa que lo provoca. Por el contrario, cuando se trata de un dolor crónico, el tratamiento es más complejo y debe ser multidisciplinar par cubrir todos los aspectos de la enfermedad, y puede incluir fármacos, intervenciones físicas de distinto tipo, intervenciones psicológicas o psiquiátricas (si, por ejemplo, va acompañado de depresión o ansiedad), etc.

El principal objetivo de los tratamientos contra el dolor es mejorar la capacidad para seguir realizando las actividades del día a día con normalidad, así como restablecer la calidad de vida. Para ello, en ocasiones, son necesarios los tratamientos a largo plazo.

Tratamiento farmacológico

Ibuprofeno

El ibuprofeno es un medicamento que pertenece al grupo de los AINE (antiinflamatorios no esteroideos) y es uno de los más utilizados por su eficacia en la reducción del dolor y la inflamación. Además, también actúa como antipirético (reduce la fiebre), por lo que resulta muy útil en el tratamiento de los síntomas de infecciones, como en resfriados o gripes, donde se combinan varios síntomas.

El ibuprofeno es el antiinflamatorio más vendido en España, y se suele utilizar principalmente para dolores musculares, lumbago, dolor menstrual, dolor de muelas o encías, entre otros y, en determinados casos, para controlar la fiebre.

¿Cómo tomar ibuprofeno?

Se recomienda tomar el ibuprofeno con algo de comida en el estómago para reducir los posibles efectos gástricos que pueda ocasionar. No se podrá tomar en caso de úlcera gastroduodenal.

Según el tipo de dolor o tratamiento que necesitemos, la dosis y frecuencia con que se toma el ibuprofeno puede variar. Se deben seguir las indicaciones incluidas en el prospecto y consultar a un profesional sanitario cuando se necesario, para asegurarse de que la pauta es adecuada.

¿Qué formatos existen?

Existen multitud de presentaciones en el mercado (comprimidos, sobres, suspensión, etc.), todas ellas con distintas dosis disponibles. Es importante ajustar la dosis a cada problema específico, según las indicaciones del profesional sanitario de confianza.

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    Fuente:

  • Kern Pharma [internet, consultado el 27 de febrero de 2019] Disponible en: https://www.kernpharma.com/es/blog/ibuprofeno-un-farmaco-en-constante-evolucion

Paracetamol

El paracetamol tiene acción analgésica y antipirética (baja la fiebre), pero a diferencia del ibuprofeno no es antiinflamatorio. Por ello, se recomienda para aliviar dolores cuyo origen no sea una inflamación.

Es adecuado para el control de dolores de leves a moderados, por ejemplo el dolor de cabeza. Al tener efecto antipirético, también es eficaz para bajar la fiebre de origen viral o la causada tras vacunarse.

El efecto máximo se logra entre 1 y 3 horas después de la toma. Las dosis varían entre 500 mg y 1 g cada ocho horas, en función del dolor. Existen distintos formatos de paracetamol: comprimidos, comprimidos efervescentes y suspensión.

    Fuente:

  • Kern Pharma [internet, consultado el 27 de febrero de 2019] Disponible en: https://www.kernpharma.com/es/blog/ibuprofeno-versus-paracetamol-conoces-las-diferencias

Tratamiento no farmacológico

En muchos casos, es recomendable acompañar el tratamiento farmacológico de otros tratamientos para reforzar o complementar su acción.

Entre los tratamientos no farmacológicos, encontramos:

Reposo

Se debe diferenciar entre la inmovilización de una región corporal, como puede ser una rodilla o un miembro superior, y el reposo absoluto. Mientras que el primero puede ser necesario, el reposo absoluto debe evitarse o reducirse al máximo, ya que puede provocar efectos indeseables como disminución de la fuerza y de la resistencia muscular. Esto origina que se pierda la forma física y la recuperación posterior puede ser más lenta y difícil.

Ejercicios

El ejercicio ayuda a movilizar articulaciones rígidas, potenciar una musculatura debilitada, restaurar y mantener una función determinada. Además, a nivel general, mejora el estado de ánimo, el reposo nocturno, la realización de las actividades diarias. En definitiva, la calidad de vida.

En la actualidad se aconseja a todo el mundo que realice al menos 30 minutos de ejercicio moderado unas 3-4 veces por semana, adaptándolo a la condición física de cada persona. Para cumplir los objetivos de reducción del dolor, es necesario aprender ciertas normas de ergonomía y mentalizarse para practicar ejercicios terapéuticos de una forma habitual, continuada e indefinida. La ayuda de un fisioterapeuta puede ser muy útil en esta tarea.

Rehabilitación

La rehabilitación incluye un amplio abanico de terapias indicadas para aliviar el dolor, especialmente de los dolores musculares y articulares.

Algunas de las más importantes son:

  • La termoterapia, que aprovecha las propiedades analgésicas y relajantes del frío y del calor.
  • La electroterapia, ya que la corriente eléctrica de alta frecuencia provoca calor profundo y la de baja y mediana tiene propiedades analgésicas directas.
  • La hidroterapia, que utiliza los efectos mecánicos y térmicos del agua.
  • Los masajes, que aumentan la circulación regional, mejoran la flexibilidad y ayudan a la relajación muscular.

Técnicas de relajación y psicoterapia

El dolor y la mente están estrechamente relacionados, ya que la sensación de dolor se percibe e interpreta en el cerebro. Por esta razón, la psicoterapia puede ser muy útil en el tratamiento del dolor crónico, porque ayuda a convivir con él, trabajando:

  • Aspectos conductuales: favorecen comportamientos para disminuir la intensidad del dolor o evitar su aparición.
  • Aspectos cognitivos: ayudan a no enfocar el pensamiento en la sensación desagradable.
  • Aspectos emocionales: ayudan a aceptar la situación y mejorar el ánimo.

Por su parte, las técnicas de relajación son especialmente útiles para romper el círculo vicioso que se genera entre tensión y dolor. Existen distintas modalidades, entre las que puede mencionar la relajación progresiva, la meditación y el mindfulness.

Terapia Ocupacional

Se recomienda en los casos que existe una lesión crónica discapacitante o una patología osteoarticular. Busca la modificación de actividades cotidianas para mantener o recuperar la función, aliviar el dolor, favorecer las actividades diarias e incluso utilizarlas como medio terapéutico.

Dispositivos de soporte

Estos dispositivos mejoran la tolerancia al dolor durante el movimiento y contribuyen a reducir la inflamación. Entre ellos se encuentran las férulas, las fajas, las plantillas y los bastones. Estos dispositivos desempeñan distintas funciones: estabilizantes, funcionales o correctoras.

    Fuente:

  • Canós Verdecho, M. y Gallach Solano, E. ed. Enfoque Multidisciplinar en el tratamiento del dolor crónico. Valencia: Hospital Universitari y Politecnic La Fe; 2016

Tratamiento intervencionista

Estos tratamientos pueden ser aplicados en paralelo con otros tratamientos farmacológicos y no farmacológicos o cuando estos no han dado buen resultado. Representan una opción para aliviar el dolor de forma drástica e inmediata. Estos tratamientos deben ser realizados por un especialista.

Entre ellos, se encuentran:

Infiltraciones.

Es la técnica intervencionista más utilizada. Suelen realizarse en las articulaciones, y consiste en inyectar fármacos directamente en la cavidad articular para calmar el dolor en forma localizada. También, en ocasiones, se inyecta ácido hialurónico que ayuda a lubricar la articulación para que los huesos deslicen más suavemente uno contra otro.

Técnicas de radiofrecuencia y neuromoduladoras.

Consisten en pasar una corriente de alta frecuencia, o bien medicamentos anestésicos, a través de una cánula hasta llegar al nervio responsable del dolor, neutralizando así su actividad.

Colocación de catéteres y bombas de infusión insertadas bajo la piel.

Permiten liberar dosis elevadas de medicamentos en zonas limitadas.

Los tratamientos intervencionistas generalmente se realizan en el quirófano y algunos requieren anestesia. Pueden implicar riesgos, por lo que siempre es importante sopesarlos con los beneficios que proporcionan.

Fuentes:

  • Galvez R., Blanco E., Ibor P. J., Pérez C., Serrano A. Protocolo de derivación de Atención Primaria a Unidades del Dolor para pacientes con Dolor Neuropático. Sociedad Española Dolor (SED) y Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN)
  • Flores J.C. Técnicas intervencionistas para el tratamiento del dolor. Análisis de evidencias. Resultados de variables intermedias y el riesgo de no ver más allá. Rev. Arg. Anest (2005), 63, 6: 378-401. Disponible en http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1134-80462011000100009