Qué es el dolor

El dolor es una señal del sistema nervioso que advierte de que algo no va bien. Nos avisa si se está produciendo un daño en un tejido, una lesión, etc. Lo sentimos como una sensación desagradable de pinchazos, hormigueo, ardor u otras molestias, y puede llegar a limitar la capacidad para llevar adelante las actividades cotidianas con normalidad.

La señal del dolor se genera en las terminaciones nerviosas, también llamados “nociceptores”, que se encuentran en los diferentes tejidos. Esta señal se transmite a través de la médula espinal hasta el cerebro, donde se interpreta y traduce en la sensación que percibimos. Por esta razón, a menudo se habla de que el dolor es una sensación subjetiva, porque se interpreta en el cerebro y, por tanto, está sujeto a influencias relacionadas con el estado de ánimo, las experiencias anteriores, la forma en que percibimos las lesiones, etc. Es decir, el mismo daño produce sensaciones de dolor distintas en personas diferentes.

El dolor puede ser agudo, recurrente o crónico:

  • Dolor agudo: Es una sensación normal consecuencia de una enfermedad, lesión o inflamación que alerta sobre la necesidad de hacer algo al respecto. Esta “alarma” es un sistema de seguridad de nuestro cuerpo, ya que nos avisa de que algo va mal y que hay que evitarlo. Por ejemplo, si nos estamos quemando o si un tejido está sufriendo, como cuando forzamos una articulación. Una vez diagnosticado, este dolor puede ser tratado correctamente y desaparece en unas horas o días.
  • Dolor recurrente: Es el dolor que se manifiesta de forma intermitente a lo largo de meses o años. Es un tipo de dolor crónico, con la particularidad de que no tiene una presencia continua en la vida de quien lo padece. Es el caso de la migraña o ciertos dolores abdominales.
  • Dolor crónico: Ocurre cuando el dolor persiste durante meses o años y deja de funcionar a modo de alerta, volviéndose una enfermedad en sí mismo. Es el caso de la fibromialgia, el reuma, la artrosis, etc. Aunque en algunos casos puede haber un factor inicial, no siempre existe una causa identificada. El tratamiento con fármacos puede ayudar a reducir el dolor crónico, pero requiere también otras acciones que mejoren la calidad de vida, como los cambios de hábitos, la fisioterapia, la ayuda psicológica, etc.
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Se estima que una de cada cinco personas sufre de dolor crónico en España, afectando negativamente su calidad de vida, su relación con el entorno y provocando un importante impacto socioeconómico.

    Fuente:

  • Canós Verdecho, M. y Gallach Solano, E. ed. Enfoque Multidisciplinar en el tratamiento del dolor crónico. Valencia: Hospital Universitari y Politecnic La Fe; 2016.
  • Medline Plus [Internet]. Bethesda (MD): U.S. National Library of Medicine; 2018. Dolor; [citado 15 de febrero 2019]; Disponible en: http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/dentalhealth.html
  • National Institute of Neurological Disorders and Stroke; 2018. Chronic Pain Information Page; [citado 15 de febrero 2019]; Disponible en: https://www.ninds.nih.gov/Disorders/All-Disorders/Chronic-Pain-Information-Page
  • Casals M, Samper D. Epidemiología, prevalencia y calidad de vida del dolor crónico no oncológico. Estudio ITACA. Rev Soc Esp Dolor.2004:260-9.

Tipos de dolor

La localización y las características del dolor ayudan a los médicos a identificar su causa. Clasificar el dolor de acuerdo con distintas variables permite conocerlo mejor y, por tanto, lograr un tratamiento más adecuado.

El dolor se puede clasificar por:

  • Intensidad: dolor leve, moderado o grave. Si bien cada persona lo experimenta en forma subjetiva, en la consulta el médico aplica una serie de pruebas para poder evaluarlo más objetivamente.
  • Localización: dolor localizado o difuso. En este último caso, se examina si se trata de un dolor “referido”, cuando la sensación aparece alejada del lugar de la lesión que la produce; o bien si es “irradiado”, cuando el dolor se transmite desde la lesión a otra parte del cuerpo con un recorrido claro.
  • Origen:
    • Mecánico: Es consecuencia de un proceso de lesión progresiva en los huesos o en los ligamentos y, generalmente, empeora con la actividad y mejora con el reposo. Por ejemplo, el dolor de la artrosis.
    • Inflamatorio: Como su nombre indica, se origina por una inflamación y se caracteriza por no mejorar con el reposo y hacerse más intenso por la noche. Por ejemplo, el dolor de la artritis.
    • Neuropático: Se debe a una lesión en el sistema nervioso, que es el que transmite la señal de dolor. Esta disfunción ocasiona una sensación continua de dolor aunque no haya una causa directa que lo provoque. Por ejemplo, la neuropatía diabética.
    • Psiquiátrico: Cuando no hay una causa orgánica que justifique el dolor, este puede deberse a una enfermedad psiquiátrica, es decir, la sensación dolorosa se produce directamente en el sistema nervioso central y no proviene de los nociceptores. Este tipo de dolor suele ser resistente a terapias farmacológicas o quirúrgicas y el tratamiento debe enfocarse en la enfermedad psiquiátrica.
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    Fuente:

  • Canós Verdecho, M. y Gallach Solano, E. ed. Enfoque Multidisciplinar en el tratamiento del dolor crónico. Valencia: Hospital Universitari y Politecnic La Fe; 2016.

Patologías más frecuentes que causan dolor

El dolor crónico es una enfermedad en sí mismo según la OMS y, por tanto, requiere de tratamiento específico y una valoración adecuada. Se calcula que hasta 1 de cada 4 personas sufren algún tipo de dolor crónico, y aproximadamente la mitad de las consultas médicas en Atención Primaria se relacionan con el dolor.

A continuación, vemos algunos de los tipos de dolor más frecuentes:

Dolor de espalda
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Dolor muscular
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Dolor articular
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Dolor neuropático
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Dolor en niños

El dolor no es solo cosa de adultos. Los niños también lo sufren, aunque lo expresen de formas distintas, y hay que tener en cuenta sus peculiaridades para ofrecerles un tratamiento adecuado y efectivo.

La valoración del dolor en los niños

Uno de los primeros problemas que un médico puede encontrarse al evaluar el dolor en un niño, es la dificultad para conocer las características de este dolor, ya que a menudo ellos no tienen las herramientas de lenguaje y expresión que les permitan explicar con exactitud lo que sienten. No obstante, que no sepan expresarlo no significa que no lo sientan con intensidad.

Aunque, como padres, podamos pensar que nuestras observaciones son lo más relevante para el médico, la realidad es que es necesario que el pediatra hable directamente con el niño (o le explore si es demasiado pequeño para hablar) para hacerse una mejor idea de qué es lo que le ocurre, cuándo, cómo y dónde.

En su valoración, el pediatra tendrá en cuenta:

  • La intensidad del llanto y la expresión facial del niño.
  • Las reacciones físicas que muestra, como respiración agitada, rigidez, taquicardia, etc.
  • La actividad que muestra (si está menos activo, patalea, etc.)
  • Lo que manifiesta verbalmente. Es posible que el médico utilice escalas o le pida al niño que represente de alguna manera el dolor que siente.
  • La respuesta emocional que muestra (tristeza, miedo, retraimiento…).
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Los factores emocionales en el dolor de los niños

Hay que tener en cuenta también que los factores emocionales y sociales afectan a cómo los niños manifiestan su dolor. Por ejemplo, si los familiares se muestran ansiosos o excesivamente preocupados ante el dolor o la enfermedad, el malestar del niño y su percepción de dolor aumentarán.

Por el contrario, cuando se critica o castiga el llanto y otras expresiones del dolor, o bien la familia otorga demasiado valor a soportar el dolor estoicamente, el niño puede llegar a inhibir la expresión de dolor, poniéndolo en una situación de indefensión porque no dará las muestras necesarias para poder tratarlo médicamente.

En definitiva, hay que mantener un equilibrio entre mostrarse perceptivo ante las sensaciones de dolor y malestar del niño, y una adecuada respuesta emocional que no sobredimensione la situación.

    Fuente:

  • Canós Verdecho, M. y Gallach Solano, E. ed. Enfoque Multidisciplinar en el tratamiento del dolor crónico. Valencia: Hospital Universitari y Politecnic La Fe; 2016.