Como hemos visto anteriormente, el dolor es una sensación subjetiva que varía de una persona a otra y, además, no provoca signos visibles que permitan valorarlo externamente. Por esta razón, la evaluación del dolor es complicada. Sin embargo, desde la medicina se han desarrollado métodos que consiguen cierto grado de objetividad en su valoración.

El método más aceptado actualmente es la Escala Visual Analógica (EVA). Se trata de una escala numerada del 0 al 10, en la que el 0 es ausencia de dolor y el 10, dolor insoportable. En ocasiones esta escala viene representada también con emoticonos y/o con un gradiente de color.

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No obstante, a menudo los médicos utilizan una versión verbal de esta escala, la Escala Verbal Numérica (EVN), en la que piden directamente al paciente que puntúe su dolor del 0 (no dolor) al 10 (el peor dolor imaginable).

Aunque se trata de tener una valoración medible, las escalas de dolor no sirven para obtener un valor absoluto en una sola medición, sino más bien para valorar el “antes y después” de los tratamientos contra el dolor que se apliquen. Por ejemplo, si un paciente puntúa su dolor en 7 y tras tomar analgésicos, baja hasta 2, se puede considerar que el tratamiento es efectivo. Si, por el contrario, se mantiene igual o baja a 6, posiblemente requiera otras medidas terapéuticas más agresivas.

    Fuente:

  • Curso básico sobre dolor. Tema 1: Fisiopatología, clasificación y tratamiento farmacológico. Farmacia Profesional, vol. 29, núm. 1. Enero-febrero 2015